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Elías en el monte Carmelo
1 Reyes 18:38
Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja.Texto completo de la biblia
1 Reyes 18 versículo 21 hasta 40
21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. 22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. 23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. 24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ese sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. 25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. 26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. 27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. 28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. 29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.
30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. 31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, 32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. 33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. 34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, 35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.
36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. 37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! 40 Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
21 Y acercándose Elías a todo el pueblo, dijo: ¿Hasta cuándo claudicaréis vosotros entre dos pensamientos? Si Jehová es Dios, seguidle; y si Baal, id en pos de él. Y el pueblo no respondió palabra. 22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay cuatrocientos cincuenta hombres. 23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré sobre leña, y ningún fuego pondré debajo. 24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere por medio de fuego, ese sea Dios. Y todo el pueblo respondió, diciendo: Bien dicho. 25 Entonces Elías dijo a los profetas de Baal: Escogeos un buey, y preparadlo vosotros primero, pues que sois los más; e invocad el nombre de vuestros dioses, mas no pongáis fuego debajo. 26 Y ellos tomaron el buey que les fue dado y lo prepararon, e invocaron el nombre de Baal desde la mañana hasta el mediodía, diciendo: ¡Baal, respóndenos! Pero no había voz, ni quien respondiese; entre tanto, ellos andaban saltando cerca del altar que habían hecho. 27 Y aconteció al mediodía, que Elías se burlaba de ellos, diciendo: Gritad en alta voz, porque dios es; quizá está meditando, o tiene algún trabajo, o va de camino; tal vez duerme, y hay que despertarle. 28 Y ellos clamaban a grandes voces, y se sajaban con cuchillos y con lancetas conforme a su costumbre, hasta chorrear la sangre sobre ellos. 29 Pasó el mediodía, y ellos siguieron gritando frenéticamente hasta la hora de ofrecerse el sacrificio, pero no hubo ninguna voz, ni quien respondiese ni escuchase.
30 Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado. 31 Y tomando Elías doce piedras, conforme al número de las tribus de los hijos de Jacob, al cual había sido dada palabra de Jehová diciendo, Israel será tu nombre, 32 edificó con las piedras un altar en el nombre de Jehová; después hizo una zanja alrededor del altar, en que cupieran dos medidas de grano. 33 Preparó luego la leña, y cortó el buey en pedazos, y lo puso sobre la leña. 34 Y dijo: Llenad cuatro cántaros de agua, y derramadla sobre el holocausto y sobre la leña. Y dijo: Hacedlo otra vez; y otra vez lo hicieron. Dijo aún: Hacedlo la tercera vez; y lo hicieron la tercera vez, 35 de manera que el agua corría alrededor del altar, y también se había llenado de agua la zanja.
36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he hecho todas estas cosas. 37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a ti el corazón de ellos. 38 Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua que estaba en la zanja. 39 Viéndolo todo el pueblo, se postraron y dijeron: ¡Jehová es el Dios, Jehová es el Dios! 40 Entonces Elías les dijo: Prended a los profetas de Baal, para que no escape ninguno. Y ellos los prendieron; y los llevó Elías al arroyo de Cisón, y allí los degolló.
Más sobre este cuadro
Durante el reinado del rey Acab, el culto a Baal va ganando cada vez más terreno.
Jezabel, la esposa de Acab, es la que guía al pueblo en esto.
El profeta Elías, de Tisbé de Galaad, ora a Dios para que envíe una sequía, a fin de que Israel (es decir, el reino de las diez tribus del norte) vea que el culto a Baal enfurece a Dios, y el pueblo vuelva a adorar al Dios verdadero. Elías anuncia la sequía al rey Acab y se esconde junto al arroyo Querit.
Durante tres años no llueve en Israel.
Después, Elías debe volver a acudir a Acab y ordenarle que vaya con el pueblo al monte Carmelo. Allí, Elías planteará al pueblo la siguiente elección: ‘Si el Señor es Dios, ¡seguidle! Pero si es Baal, ¡seguidle a él!’. ‘¡No vaciléis más entre dos opiniones!’.
Así es como ocurre. Se ofrecen dos sacrificios: uno en el altar rectangular, tallado en la roca, dedicado a Baal, y otro en el altar reconstruido por Elías, formado por doce piedras, dedicado al Señor. ¡El Dios que, con fuego del cielo, consuma el sacrificio que se le ha ofrecido es el Dios verdadero!
A Baal se le llamaba el dios del sol. Sus adoradores creían que él enviaba truenos y relámpagos.
Pero Baal no responde, aunque los sacerdotes de Baal le claman durante horas y se hieren a sí mismos.
Entonces Elías prepara el sacrificio y hace que se viertan sobre él doce jarras de agua. A su oración,
Dios responde con fuego que consume el sacrificio, el altar y el agua.
‘¡El Señor es Dios!’.
Los sacerdotes de Baal son muertos por Elías, de acuerdo con Deuteronomio 13 los versículos 1 al 5.
Esta historia nos advierte sobre la indiferencia al adorar a Dios. ‘Nadie puede servir a dos señores, pues odiará a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro. No se puede servir a la vez a Dios y a las riquezas’, Mateo 6 versículo 24.
La historia del pueblo de Israel muestra un patrón recurrente de apostasía de Dios, y retorno a Él. La sequía fue un medio de disciplina divina para que Israel volviera a Él y le sirviera con un ‘corazón íntegro’. Este medio de disciplina demuestra el amor misericordioso de Dios por su pueblo.
Las acciones de Elías recuerdan a las de Juan el Bautista, quien también llamó al arrepentimiento
al anunciar la venida del Mesías. El Mesías, que vendría después de él, ‘bautizaría con el Espíritu Santo y con fuego’.
Lucas 1 versículo 16 y 17: ‘Él (Juan el Bautista) convertirá a muchos israelitas al Señor, su Dios. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos y a los desobedientes con el sentimiento de los justos, para preparar un pueblo dispuesto para el Señor’.
Jezabel, la esposa de Acab, es la que guía al pueblo en esto.
El profeta Elías, de Tisbé de Galaad, ora a Dios para que envíe una sequía, a fin de que Israel (es decir, el reino de las diez tribus del norte) vea que el culto a Baal enfurece a Dios, y el pueblo vuelva a adorar al Dios verdadero. Elías anuncia la sequía al rey Acab y se esconde junto al arroyo Querit.
Durante tres años no llueve en Israel.
Después, Elías debe volver a acudir a Acab y ordenarle que vaya con el pueblo al monte Carmelo. Allí, Elías planteará al pueblo la siguiente elección: ‘Si el Señor es Dios, ¡seguidle! Pero si es Baal, ¡seguidle a él!’. ‘¡No vaciléis más entre dos opiniones!’.
Así es como ocurre. Se ofrecen dos sacrificios: uno en el altar rectangular, tallado en la roca, dedicado a Baal, y otro en el altar reconstruido por Elías, formado por doce piedras, dedicado al Señor. ¡El Dios que, con fuego del cielo, consuma el sacrificio que se le ha ofrecido es el Dios verdadero!
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‘¡El Señor es Dios!’.
Los sacerdotes de Baal son muertos por Elías, de acuerdo con Deuteronomio 13 los versículos 1 al 5.
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Lucas 1 versículo 16 y 17: ‘Él (Juan el Bautista) convertirá a muchos israelitas al Señor, su Dios. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos y a los desobedientes con el sentimiento de los justos, para preparar un pueblo dispuesto para el Señor’.